sábado, 21 de noviembre de 2009
A VEINTE AÑOS DE LA CAIDA DEL MURO.. LA DECADENCIA DE EUROPA
Angela Merkel se ha convertido esta semana en el primer canciller alemán en tomar la palabra ante el Congreso estadounidense. Para ella, que se educó en la difunta Alemania del Este y gobierna la primera potencia de Europa, era una forma inesperada y solemne de celebrar el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Es posible datar en 1989 el desplazamiento del centro de gravedad del planeta hacia Asia Nuestro mundo cambió en 1989. La brecha que se abrió aquel día en el muro marcó el principio del fin del comunismo en Europa, el del imperio soviético y el de la división del planeta entre el Este y el Oeste.
1989 señala pues el final de la guerra fría y, con ésta, la clausura de un siglo XX particularmente trágico. No es extraño que esta fecha sea especialmente celebrada en Alemania. Como señalaba recientemente Jacques Attali en el sitio slate.fr: "1989 fue una victoria para una Alemania hasta entonces marcada por dos derrotas: las sufridas tras cada una de las dos guerras mundiales". Fue sobre todo una nueva forma de revolución, el modelo de lo que tenderá a desarrollarse después, a saber, las revoluciones de terciopelo, no violentas, antítesis exactas del modelo francés de revolución, el de 1789, marcado por el terror.
Fue el levantamiento en masa de los alemanes del Este lo que permitió que la democracia se extendiese como nunca. Pero, para nosotros, celebrar estos 20 años es también una ocasión para reflexionar sobre el futuro de Europa. Si nos situamos en las condiciones de 1989, año también de la matanza de Tiananmen, nos damos cuenta de hasta qué punto la situación era incierta.
De hecho, los dirigentes de entonces dudaron. No los estadounidenses, conducidos por George Bush padre, a los que Merkel rendía homenaje recientemente. La canciller evocaba la deuda que la Alemania unida tiene con Washington, que tomó partido por la reunificación. No ocurrió lo mismo con los demás mandatarios del mundo occidental. La que más enérgicamente se opuso fue Margaret Thatcher.
De hecho, por aquellos días, la premier británica consultó con el entonces presidente francés, Valéry Giscard d'Estaing, para echar pestes de François Mitterrand, sospechoso, en su opinión, de debilidad ante Alemania. El mismo Mitterrand cometió algunos errores, especialmente una visita al Berlín Este, o incluso unas conversaciones tardías con Gorbachov en las que parecía dudar de la actitud de Kohl, que, apoyado por Washington, se había lanzado hacia la reunificación a marchas forzadas.
Después, Mitterrand rectificó y, aprovechando la especial relación que mantenía con Helmut Kohl, llegó con él a un acuerdo histórico que sigue siendo uno de los pilares de la UE: Mitterrand concedió su apoyo a la unidad alemana a cambio de la promesa, por parte de Kohl, de un compromiso germano para con Europa.
Sería este acuerdo el que más tarde daría origen al euro, que, a través del abandono del deutsche mark, significaría ni más ni menos que el amarre de la Alemania unificada en la UE.
Por su parte, los estadounidenses hicieron lo mismo al obtener la garantía de que la nueva Alemania seguiría siendo miembro de la OTAN
. Veinte años más tarde, vivimos del resultado de aquellos acontecimientos.
La unión existe en Europa. 1989 permitió su ampliación y la reintegración de los países del antiguo bloque del Este a la familia europea. Y el euro demuestra cada día su fuerza.
Pero 1989 introdujo también dos cambios importantes.
-- Por una parte, Europa dejó de ser Europa Occidental.
--Por otra, dejó de ser el centro de gravedad de un enfrentamiento geoestratégico mundial.
Europa ya no es Europa Occidental: es o, más bien, tiene vocación de llegar a ser, una entidad en sí misma. Ya es la primera potencia económica mundial. Pero es como si no fuera consciente de ello: sigue siendo una enana política. Y lo que es más, presa de los miserables cálculos nacionalistas de algunos, como acabamos de ver con ocasión de los vaticinios del presidente checo, Václav Klaus.
De Václav Havel, uno de los profetas de la nueva Europa, a Václav Klaus: ¡qué decadencia! Al mismo tiempo que se derrumbaba el telón de acero, otras potencias empezaban a emerger.
China fue la primera. Así, es posible datar en 1989 el desplazamiento progresivo del centro de gravedad del planeta hacia Asia. Esta constatación debería impulsar, por sí misma, a los europeos a recuperar parte del entusiasmo de 1989, ya no orientado a la liberación de los pueblos europeos, sino a la construcción de un futuro que será común o no será. .
Fuente: El País/ Bellaciao.Org/ Codaine
martes, 20 de noviembre de 2007
VALOR Y SIGNIFICADO DE LA GRAN REVOLUCION SOCIALISTA DE OCTUBRE
I.- La Revolución que tuvo lugar en Rusia el 25 de octubre de 1917, según el calendario juliano (7 de noviembre en el gregoriano), se distingue de otras revoluciones por su carácter de revolución augural y universal. En efecto, aunque hoy esa gran conmoción histórica sufre una suerte de paréntesis en el país en el que tuvo lugar, otros países y en otras latitudes, continúan el transito del capitalismo al socialismo, inaugurado en Octubre de 1917. Fue el acontecimiento político más importante del Siglo XX; el primer estallido victorioso de la Revolución Socialista Mundial y la primera experiencia que tuvo la capacidad de demostrar a la humanidad que surgía un sistema social superior, el socialismo, que vencía al capitalismo. Así lo anunciaron los documentos y las obras fundamentales que pronosticaron la inevitabilidad de este nuevo giro que daría la historia. Fue la revolución que venía precedida de un diagnóstico científico de la necesidad histórica del cambio, al haber hecho la disección de la estructura de la sociedad capitalista, de sus contradicciones y al descubrir el imperativo histórico de su superación. Los creadores de la concepción que guiaba esa Revolución lo dijeron en el “Manifiesto Comunista”, redactado por Marx y Engels, para el primer instrumento orgánico que forjaba el proletariado: la Internacional. Correspondió al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), encabezado por Lenin, el mérito de haber determinado el momento en que en su país estaban dadas las condiciones objetivas y subjetivas para el triunfo de la Revolución IV.- La Revolución de Octubre fue una revolución con altísima participación popular; fue obra de las masas organizadas, dirigidas por la clase obrera y su partido de vanguardia, el Partido Comunista (bolchevique, {PCb}). Éste puso en práctica la alianza natural de los obreros con los campesinos pobres o sin tierra, pero no se limitó a estos. Otros sectores sociales: el de los pobres en general; el proletariado en el sentido lato del término, trabajadores diversos que no explotan a nadie; integrantes de las capas medias y la intelectualidad y artistas revolucionarios, también hicieron su aporte para plasmar la Revolución y construir el Socialismo. Es falsa la interpretación acerca de la base social de la Revolución de Octubre. Afirman que fue una obra sectaria impuesta por un único partido, el PC (b), y en representación de una sola clase social. En realidad, la virtud de los bolcheviques fue crear no sólo un partido disciplinado y dotado de una ideología revolucionaria y científica, sino de un sistema de alianzas sociales que supo involucrar, en la nueva obra, a la mayoría aplastante del pueblo. En ese sentido, la creación partidaria al estilo leninista, sigue siendo el partido de nuevo tipo, imprescindible para llevar a buen término el proceso de construcción de la nueva sociedad. Los comunistas no excluyeron a otros partidos del proceso revolucionario. Invitaron a los eseres (socialistas) de izquierda a integrar el primer Comisariato (gabinete) del Pueblo. Individualmente se incorporaron muchos mencheviques (socialdemócratas), profesionales avanzados sin partido VII. El PCUS criticó los errores y violaciones que se cometieron en la conducción de la sociedad y el propio Partido en la época de la dirección de Stalin. Hubo manifestaciones negativas que se que se dieron en dos planos: el culto a la personalidad y las violaciones de la legalidad socialista. El primer fenómeno ha ocasionado daños a la causa del socialismo por ser un estilo de trabajo y una conducta dirigente ajenos a la concepción marxista de masas y de dirección colectiva y porque tendió a imitarse desembocando en deformaciones que tardaron en corregirse. El segundo plano fue directamente el de las violaciones a la legalidad socialista. Sin embargo, esto no puede servir de pretexto para extender estos fenómenos negativos a toda la concepción marxista leninista ni a la obra socialista en la URSS ni en ningún otro lugar del mundo. Tampoco puede servir de pretexto para negar el papel de J. V. Stalin en la construcción del socialismo, en la derrota de la contrarrevolución y de las desviaciones del leninismo; en la victoria sobre el fascismo en la II GM. Es notorio que gran parte de la contrarrevolución, sobre todo en el período de la llamada perestroika, se basó en una cruda campaña “antiestalinista”. En fondo fue, nada menos y nada más, que el anticomunismo en su peor forma: el antisovietismo. Es importante señalar que, con el tiempo y la revisión histórica necesaria y para quienes abordan el tema con honestidad, se despeja la mentira grosera, la alteración de la verdad histórica y hasta de las cifras millonarias de gente que habría sido reprimida, eliminada o pasado por los campos de trabajo. .IX.- La Unión Soviética no sólo demostró la posibilidad de un nuevo orden social superior al capitalismo. Había liquidado antiguas plagas como el analfabetismo; tenía una medicina universal, gratuita y avanzada; hacía décadas que no conocía la desocupación y aseguraba una vejez cada vez más digna. El desarrollo de la cultura y las artes alcanzó niveles envidiables y eran de acceso al gran público. En la recreación y sobre todo en la práctica del deporte, conquistó metas extraordinarias, sin que esa práctica se mercantilizara. Se podría mencionar otros logros más, pero queremos sobre todo subrayar el gran desarrollo de la ciencia y la técnica y los alcances espectaculares en que la URSS aparecía la potencia pionera, como lo fue por ejemplo en la conquista del cosmos. La ciencia se convirtió directamente en una fuerza productiva. X.- Es complicado analizar las causas de la caída de la URSS. Sin duda se trata de un complejo de factores que van desde problemas generados internamente hasta la acción continua del imperialismo y sus agencias. No es tarea nuestra ni es la oportunidad para desentrañar el conjunto de las causas y las circunstancias que posibilitaron que se frustrara una Revolución como la de Octubre del 17 que fue el logro y el patrimonio más importante del proletariado mundial. Sin embargo, es innegable que la burocratización del Partido y el gobierno jugaron el papel principal. El formalismo, repetición dogmática y escolástica del marxismo, convertido en fórmulas sin vida o que poco tenían que ver con ella. El estancamiento del desarrollo de la teoría revolucionaria y la falta de la práctica de una dirección colectiva posibilitaron que, “desde arriba y desde adentro”, como ya hace tiempo lo apreció nuestro partido, actuarán los traidores y contrarrevolucionarios que paralogizaron a la clase obrera, a los trabajadores y al propio Partido, que no pudieron reaccionar debidamente. XI.- Ha pasado, a pesar de todo, la hora de las lamentaciones. Aun con las dificultades actuales, de la intensa acción de todo el aparato ideológico y mediático del imperialismo, las masas populares se van quitando las vendas que, momentáneamente, le impidieron ver la realidad de lo que acontecía, sobre todo en lo que es el territorio de la antigua Unión Soviética. La clase obrera, los creadores reales de la riqueza social amplían sus filas. Se convierten en más y más millones que, como lo predijeron los clásicos del socialismo científico, serán los irremplazables enterradores del viejo régimen. Éste tiene una irreparable crisis que se ahonda indefectiblemente y de la cual no podrá salir, sino hundirse más, precisamente porque recurre a remedios que empeoran sus males.La intelectualidad honesta y revolucionaria que en el mundo entero crece y se desarrolla hasta en las ciudadelas del imperialismo está haciendo un aporte formidable al esclarecimiento necesario de las leyes que rigen el desarrollo social en esta época de grandes cambios y avances científicos. Sigue planteada la contradicción fundamental del capitalismo: el carácter social del trabajo y la creación de la riqueza social, en tanto que su apropiación sigue siendo privada. Sólo allí donde se soluciona esta contradicción el desarrollo social es más armónico y satisface las necesidades de persona humana.A todo eso se retornará más temprano que tarde porque el camino desbrozado por la Gran Revolución Socialista de Octubre sigue abierto para toda la humanidad.La Paz, noviembre de 2007. |
Fuente: redglobe.org